A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas para clasificar los trastornos por uso-abuso y/o adicción a sustancias psicoactivas, tanto por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), como de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) a través de su Manual de Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM), no se ha conseguido captar suficientemente la realidad clínica.
Por otra parte, la agrupación categorial de estos trastornos mentales y del comportamiento adolece de una insuficiente calificación de la gravedad clínica de los diferentes pacientes o usuarios del sistema sanitario.
Los intentos de captar la gravedad clínica han sido parcialmente fructuosos debido a que, generalmente, se han diseñado para enfocar intensidad clínica y, en pocas ocasiones, impacto global de enfermedad u otras medidas pragmáticas.
En algunas ocasiones los índices de gravedad propuestos como la GAF (Global Assessment Functioning), carecían de buenas propiedades psicométricas, concordancia interevaluadores o test-retest.
A nuestro juicio, el intento más sólidamente formulado para la evaluación de la gravedad de la adicción procede del equipo de McLellan de Filadelfia, que ya hace más de dos décadas promulgó un índice comprensivo, Addiction Severity Index (ASI), basado en al menos siete dominios y que ha venido perfeccionándose en los últimos años con diferentes intentos de adaptación a nivel regional, como ha sido el caso del EuropASI.
Por todo ello, nuestras intervenciones y evaluaciones realizadas a lo largo de las tres últimas décadas presentan limitaciones y debilidades a la hora de calificar el estado basal como la evolución clínica durante el período de deshabituación.
En estos momentos en que la gestión clínica ha tomado una gran relevancia, resultan imprescindibles medidas pragmáticas que permitan evaluar tanto la intensidad como la gravedad clínica así como la necesidad de cuidados y tratamientos para nuestros pacientes.
Resulta necesario destacar que el contexto europeo a través de su Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, en 2007, invita a los diferentes Estados a cuantificar las consecuencias nocivas del uso y abuso de sustancias (Estrategia de la Unión Europea para ayudar a los Estados miembros a reducir los daños relacionados con el alcohol). Asimismo, el contexto nacional invita a desarrollar no sólo el Plan de Calidad 2007 si no también la Estrategia Nacional de Salud Mental 2006.
La monografía presente pretende compilar el conocimiento histórico y su evolución hasta la actualidad, proponiéndole y facilitándole al clínico el instrumento más comprensivo y universalmente utilizado para estos fines en sus diferentes modalidades, dado que, en estos momentos, el ASI constituye una familia de instrumentos adaptables a adolescentes, seguimientos, investigación, gestión, aplicación on line, etc.
Con la esperanza de que este esfuerzo pueda resultar de utilidad, tanto para la investigación como para la clínica de las adicciones, el grupo pluridisciplinar de autores quiere agradecer al Plan Nacional sobre Drogas el apoyo y facilitación para que esta monografía haya podido salir a la luz.
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lunes, 30 de noviembre de 2009
Valoración de la gravedad de la adicción
Guía Clínica Basada en la Evidencia Científica: TABAQUISMO
Prólogo
Las normas de buena práctica clínica se han ido introduciendo progresivamente en todos los campos de las ciencias de la salud. El área de las adicciones, desde hace varios años, ha estado muy atenta a la formulación de guías clínicas destinadas a facilitar el manejo de los problemas relacionados con los comportamientos de uso y abuso de sustancias.
Por ello, en esta ocasión, asistimos a la actualización y profundización en las estrategias, tanto preventivas como de evaluación y tratamientos de las personas con adicción a la nicotina.
En estos momentos en que se puede realizar el balance de la aplicación en España de la “ley del tabaco”, y en consecuencia se pueden concretar los beneficios tanto para la salud como para la actividad laboral, vial, etc. se considera cada vez más importante trabajar sobre la amplia tasa de población que todavía depende de la nicotina.
En la presente “Guía Clínica”, se detallan con especial profundidad los aspectos de promoción de la salud mental y los preventivos, tal como indica la reciente Estrategia Nacional de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud.
Los aspectos terapéuticos quedan muy bien recogidos tanto desde la perspectiva farmacológica como psicológica, ya que los prestigiosos autores, coordinados por el Dr. Pereiro, constituyen un verdadero equipo multidisciplinar.
En este caso existe particular necesidad de pautas guía que se fundamenten en los siguientes aspectos: existe elevada prevalencia y discapacidad vinculada a las patologías adictivas, la práctica clínica se lleva a cabo con una notable variabilidad de tratamientos (farmacológicos, psicológicos, etc.) y criterios diagnósticos (subtipos múltiples), existe un importante consumo de recursos con elevados costes directos, indirectos e intangibles, disponibilidad creciente de hechos y/o evidencias científi cas muy dispersas y, por último, existe una demanda y utilidad potencial en el campo de la asistencia primaria.
Sumariamente, se puede asumir con gran esperanza que la serie Guías Clínicas, hoy se consolida con esta nueva dedicada al tabaquismo. Esperamos, por tanto, que esta fórmula de desarrollar niveles de acuerdo entre los profesionales y el estado actual del conocimiento facilite a los clínicos y preventivistas la justifi cación de la toma de decisiones.
Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud muestran de manera continuada desde hace años que el consumo de tabaco se sitúa en los primeros lugares entre los factores de riesgo que provocan muerte y discapacidad. Así, el humo del tabaco, voluntariamente o involuntariamente inhalado, lidera el grupo en el que se encuentran la hipertensión arterial, el consumo de alcohol, el sobrepeso, el exceso de colesterol, la inactividad física, el consumo de drogas ilegales o los riesgos para la salud relacionados con el trabajo (WHO, 2007).
Las autoridades sanitarias han emprendido hace años una lucha contra la epidemia del tabaquismo que ha comenzado a dar sus frutos con resultados dispares en diferentes países. En nuestro ámbito geográfi co más cercano, los países que componen la Unión Europea de los 25, se observan esos desiguales resultados en las acciones emprendidas para tratar de frenar y reducir las consecuencias del consumo de tabaco.
Mientras en la mayoría de países del oeste europeo la prevalencia del tabaquismo está estabilizada o en descenso, tanto en hombres como en mujeres, en otros países del este europeo los datos registrados muestran que todavía el descenso no ha comenzado a producirse en muchos lugares o incluso para algunos grupos, como el de las mujeres, el consumo está en franco aumento (WHO, 2007). Globalmente, en todos los países de la Unión la prevalencia de consumo podría haberse pasado del 28.8% en el año 2002 al 28.6% en el año 2005.
El Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (CMCT OMS), fi rmado por 168 Partes y ratifi cado por 141, incluida la Comunidad Europea, reconoce que se ha demostrado de manera inequívoca que la exposición al humo del tabaco es causa de mortalidad, morbilidad y discapacidad. El Convenio obliga a la Comunidad y a sus Estados miembros a adoptar medidas contra la exposición al humo de tabaco en lugares de trabajo interiores, transportes públicos y lugares públicos cerrados.
Según la encuesta del Eurobarómetro sobre la actitud de los europeos ante el tabaco (European Comission, 2006), tres cuartas partes son conscientes de que el humo de tabaco presenta un riesgo para la salud de los no fumadores y un 95 % sabe que fumar en presencia de una mujer embarazada puede resultar muy peligroso para el bebé. La encuesta muestra que las políticas para un entorno sin humo reciben el respaldo de los ciudadanos de la UE. Más de cuatro de cada cinco encuestados son favorables a la prohibición de fumar en el lugar de trabajo (86%) y cualquier otro lugar público cerrado (84%).
La mayoría de los europeos también es favorable a que esta prohibición se extienda a los bares (61%) y restaurantes (77%). Los Estados miembros que ya aplican esta medida en los establecimientos de hostelería son los que cuentan con mayores índices de aprobación en cuanto a las cafeterías (más del 80%) y restaurantes (más del 90%) sin tabaco.
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Guía Clínica Basada en la Evidencia Científica: ALCOHOL
Introducción
Según el estudio E.C.A., el alcoholismo es el trastorno mental que tiene una mayor prevalencia de vida (13,5%), en la población de los Estados Unidos de América (Regier y cols,1990):
- Alcoholismo 13,5%
- Abuso o dependencia de otras drogas 6,1%
- Trastornos de ansiedad 14,6%
- Trastornos afectivos 8,3%
La prevalencia del alcoholismo equivaldría, por tanto, al doble de la del abuso de todas las otras drogas juntas (6,1%) y a más de la mitad de todos los demás trastornos mentales (no adictivos) juntos (22,5%). Y sería tan o más elevada que la de todos los trastornos de ansiedad juntos o que todos los trastornos afectivos juntos.
El estudio E.C.A. ha sido completado y ampliado con otros estudios epidemiológicos, como el N.C.S. (Kessler i cols., 1997), que han comprobado además que el alcoholismo presenta una elevada prevalencia de comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos graves y con otras drogodependencias; lo cual contribuye a aumentar sustancialmente el riesgo de comportamientos agresivos, violencia y suicidio, en dicha población de pacientes.
Según el estudio N.E.S.A.R.C., el alcoholismo, los trastornos afectivos y los trastornos de ansiedad son los trastornos psiquiátricos que tienen una mayor prevalencia, durante los últimos 12 meses (Grant i cols., 2004):
- Alcoholismo 8,46%
- Abuso de drogas 2%
- Trastornos de ansiedad 11,08%
- Trastornos afectivos 9, 21%
El alcohol es la droga psicoactiva de consumo más extendido en España. Un 5,3% de población general española y un 12,3% de los estudiantes de 14-18 años, presentan un consumo de riesgo (>=40gr/día en hombres y >=25gr/día en mujeres; que sería equivalente a 4 copas de vino o cerveza/día en hombres y 2 en mujeres).
Entre los estudiantes de 14-18 años ha aumentado el consumo intenso de alcohol. La prevalencia de intoxicaciones alcohólicas agudas (embriagueces), en los 30 días previos a la encuesta, pasó de 8,6% en 1996 a 12,3% en 2004 y la proporción de bebedores de riesgo de 8,6% en 1996 a 12,3% en 2004 (Observatorio Español sobre Drogas, Informe 2004).
Se estima que entre los pacientes de la Atención Primaria hay de un 4% a un 29% de bebedores de riesgo, de un 0.3% a un 10% de bebedores abusivos y de un 2% a un 9% de pacientes con dependencia al alcohol (Reid – 1999).
El alcohol es el tercer factor de riesgo para la salud (tanto para la aparición de enfermedades como para la muerte prematura) más importante, por detrás del consumo de tabaco y la hipertensión arterial. Como factor de riesgo para la salud es 3 veces más importante que la diabetes y 5 veces más importante que el asma (Anderson y Baumberg, 2006).
Conviene tener en cuenta, además, que el alcohol puede inducir trastornos mentales (depresión, ansiedad, inestabilidad emocional, trastorno del sueño, etc.), no tan sólo en las personas que presentan un trastorno por dependencia del alcohol, sino también en las que hacen un consumo excesivo de alcohol (World Health Report, 2002).
El consumo excesivo de alcohol puede causar o exacerbar hasta 60 enfermedades diversas y además constituye un factor determinante de incidentes de violencia familiar y de género, accidentes laborales y de circulación.
El consumo de bebidas alcohólicas tiene una importante repercusión en los accidentes de tráfico y más de la tercera parte de conductores fallecidos por accidentes de tráfico presenta una concentración de alcohol en sangre >=0,3 gr/l (Observatorio Español sobre Drogas, Informe 2004).
En total, el gasto tangible que el alcohol provoca en la Unión Europea se estima en unos 124 billones de euros al año y el no tangible en unos 270 billones de euros al año (Anderson y Baumberg, 2006).
En 1976 la Organización Mundial de la Salud definió el alcoholismo a través del síndrome de dependencia alcohólica: “un estado psíquico y habitualmente también físico resultado del consumo de alcohol, caracterizado por una conducta y otras respuestas que siempre incluyen compulsión para ingerir alcohol de manera continuada o periódica, con objeto de experimentar efectos psíquicos o para evitar las molestias producidas por su ausencia”.
El término alcoholismo incluye el trastorno por dependencia del alcohol y el trastorno por abuso de alcohol (Asociación Americana de Psiquiatría, 2002). La Organización Mundial de la Salud define el Síndrome de dependencia del alcohol de manera muy parecida pero al trastorno por abuso de alcohol lo denomina Consumo Perjudicial de Alcohol y lo define como el consumo de alcohol que está afectando ya a la salud física o mental (Organización Mundial de la Salud, 1992).
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Guía Clínica Basada en la Evidencia Científica: COCAÍNA
Preámbulo
La aparición en los últimos años de innumerables evidencias científicas, diversos instrumentos de evaluación y apoyo en el diagnóstico, fármacos y distintas modalidades de psicoterapias dirigidas al tratamiento de la adicción a la cocaína, han supuesto un enorme progreso tanto en el conocimiento de dicha trastorno como en la optimización de los resultados de las distintas intervenciones.
Sin embargo, algunas de estas innovaciones no han llegado a ser totalmente conocidas por los profesionales y determinadas evidencias científicas, aunque prometedoras, son solo preliminares y estan pendientes de confirmación por otros estudios futuros. Por todo ello, se hacía necesario recopilar este conocimiento científi co actualizado en una Guía Clínica, que sea de máxima utilidad para los profesionales que trabajan con los problemas relacionados con la adicción a la cocaína.
La Sociedad Científica Española de estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías, que viene trabajando con la problemática de las adiciones desde hace casi 40 años, ha procedido a la recopilación de datos científicos actualizados sobre la detección, diagnóstico y posibles intervenciones terapéuticas efi caces en la adicción a la cocaína, en esta Guía Clínica, la tercera de la colección sobre Guías basadas en la evidencia científica.
Además, tras su redacción inicial, la Guía Clínica ha sido sometida a revisión por parte de profesionales expertos en drogodependencias, los cuales han realizado las anotaciones y correcciones oportunas al texto inicial además de aportar su experiencia y conocimientos en la atención y tratamiento de la dependencia a cocaína y de los problemas derivados de su consumo.
Las eviencias científicas recopiladas ha sido clasifi cadas de acuerdo con los Niveles de Evidencia y los diversos Grados de Recomendación, por lo que se refiere a los procedimientos de detección, diagnóstico e intervención terapéutica, tanto farmacológica como psicológica.
Las recomendaciones que parten de esta Guía Clínica no obligan a los profesionales a proceder de este modo en su práctica clínica convencional. Es decir, no se trata de pautas obligatorias en el procedimiento asistencial de la adicción a la cocaína, sino simplemente de consejos prácticos, basados en evidencias, que tienen el apoyo de una Sociedad Científica Profesional.
El consumo de drogas constituye uno de los problemas más graves de salud en el mundo occidental al que nuestro país no es ajeno.
Los informes del PNSD (Plan Nacional sobre Drogas) en los últimos años subrayan importantes cambios en los patrones de consumo entre los que destacan el incremento de determinadas drogas, principalmente cannabis y psicoestimulantes (cocaína y anfetaminas). La cocaína se ha convertido en la segunda droga ilegal más consumidas en la población general de nuestro país después del cannabis.
Tanto la Encuesta Domiciliaria del año 2003 como la encuesta Escolar en Enseñanza Secundaria de 2004 refl ejan un importante incremento en la prevalencia del consumo de cocaína en polvo (clorhidrato de cocaína) en el periodo 1995-2004.
La encuesta domiciliaria (intervalo 15-64 años) refl eja una evolución en la prevalencia de consumo en los últimos 12 meses desde el 1,8% del año 1995 al 2,7% del 2003. Por grupos de edad y sexo las mayores prevalencias de consumo se encuentran en los hombres de 15-34 años ( 7,5%) y las menores en las mujeres de 35-64 años (0,5% ). Por su parte la encuesta escolar (intervalo 14-18 años) destaca cómo se incrementó la prevalencia anual del consumo de cocaína del 1,8% en 1994 al 7,2% en 2004. En ninguna otra sustancia se ha producido un incremento de esta magnitud en este periodo.
El consumo tiene generalmente un carácter esporádico (el 2,4% la había consumido 1 ó 2 días en los últimos 20 días), con un bajo porcentaje de personas que la consumen de forma habitual (0,2%) (Plan Nacional sobre Drogas, 2004).
Es el llamado consumo recreativo, asociado al tiempo libre y al ocio, en el que los consumidores desarrollan una actividad mas o menos normalizada a lo largo de la semana para llegados el viernes y sábado iniciar una espiral de consumo en la que se entremezclan el alcohol y los estimulantes sin conciencia alguna de problema, jaleados por la moda y los “supuestos” efectos inocuos y no adictivos de estas drogas. Nada mas lejos de la realidad, la cocaína además de producir efectos perniciosos para la salud, posee una importante capacidad adictiva; es decir, “engancha” (véase revisión de estudios en Meana y Barturen, 1993)
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Guía Clínica Basada en la Evidencia Científica: OPIÁCEOS
Preámbulo
los opiáceos son compuestos que poseen propiedades farmacológicas de un alto interés terapéutico y han sido ampliamente utilizados en clínica, sobre todo por sus efectos analgésicos. Sin embargo, estas sustancias tienen una gran capacidad adictiva y su administración incontrolada produce una serie de modificaciones en el organismo que pueden originar la aparición de un cuadro de dependencia. Estos procesos se desarrollan como consecuencia de los cambios que se producen en respuesta a la presencia repetida de la droga y que persisten durante un largo período de tiempo incluso después que la administración del opioide es interrumpida.
la atención a los problemas generados por la dependencia a la heroína ha ido evolucionando, desde su inicio en los años ochenta con una oferta asistencial basada en programas centrados en la consecución y mantenimiento de la abstinencia hasta que, sobre todo por la aparición de la epidemia de la infección por el VIH, se fue aceptando un nuevo marco conceptual que consideraba el consumo de drogas como un problema multifactorial, con aspectos sanitarios, sociales y de comportamiento fundamentales para conseguir su comprensión.
El desarrollo de la atención a los adictos a opiáceos ha sido muy rápida estos años, consolidándose una serie de abordajes farmacológicos y psicológicos, además de dispositivos asistenciales y de profesionales expertos en adiciones.
la aparición en los últimos años de innumerables evidencias científicas, diversos instrumentos de evaluación y apoyo en el diagnóstico, fármacos y distintas modalidades de psicoterapias dirigidas al tratamiento de la adicción a la heroína, han supuesto un enorme progreso tanto en el conocimiento de dicha enfermedad como en la optimización de los resultados de las distintas intervenciones.
Sin embargo, algunas de estas innovaciones no han llegado a ser totalmente conocidas por los profesionales y determinadas evidencias científicas, aunque prometedoras, son solo preliminares y están pendientes de confirmación por estudios futuros.
Por todo ello, se hacía necesario recopilar este conocimiento científico actualizado en una Guía Clínica, que sea de máxima utilidad para los profesionales que trabajan con los problemas relacionados con la adicción a la heroína. En los capítulos que contiene esta Guía Clínica se aportan elementos basados en la evidencia que deberían de tenerse en cuenta en el abordaje de estos problemas.
Socidrogalcohol, la Sociedad Científica Española de estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y las otras Toxicomanías, que viene trabajando con la problemática de las adiciones desde hace casi 40 años, ha procedido a la recopilación de datos científicos actualizados sobre la detección, diagnóstico e intervenciones terapéuticas eficaces en la adicción a la heroína en esta Guía Clínica, la cuarta de la colección sobre Guías basadas en la evidencia científica.
Además, tras su redacción inicial, la Guía Clínica ha sido sometida a revisión por parte de profesionales expertos en drogodependencias, los cuales han realizado las anotaciones y correcciones oportunas al texto inicial además de aportar su experiencia y conocimientos en la atención y tratamiento de la dependencia de heroína y de los problemas derivados de su consumo.
las evidencias científicas recopiladas ha sido clasificadas de acuerdo con los niveles de Evidencia y los diversos Grados de Recomendación, por lo que se refiere a los procedimientos de detección, diagnóstico e intervención terapéutica, tanto farmacológica como psicológica. las recomendaciones que parten de esta Guía Clínica no obligan a los profesionales a proceder de este modo en su práctica clínica convencional.
Es decir, no se trata de pautas obligatorias en el procedimiento asistencial de la adicción a la heroína, sino simplemente de consejos prácticos, basados en evidencias, que tienen el apoyo de una Sociedad Científica Profesional.
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Guía clínica de intervención psicológica en adicciones
En la presente “Guía Clínica”, realizada con la inestimable ayuda del Plan Nacional sobre Drogas, se detallan con especial profundidad los fundamentos psicológicos del tratamiento en el caso de los diferentes pacientes adictos.
Los autores ofrecen y describen las diferentes orientaciones psicoterapéuticas dirigidas a promover cambio, a facilitar habilidades de afrontamiento o manejos de contingencias, a conseguir cambios cognitivos y comportamentales, cambios en la estructura y función del sistema familiar y orientaciones psicodinámicas.
El marco de las intervenciones que se analizan es de tipo integral e integrado, en particular para los pacientes comórbidos, afectos en muchas ocasiones de patología dual.
Al objeto de facilitar el acceso rápido a las indicaciones psicoterapéuticas se ofrece un resumen de las recomendaciones a tener en cuenta en el trabajo psicoterapéutico con los pacientes adictos.
Los aspectos de intervención psicológica quedan exhaustivamente recogidos, ya que los prestigiosos autores, coordinados por los Dres. Becoña y Cortés, constituyen un equipo multidisciplinar de larga trayectoria en el campo de las adicciones.
En resumen, la serie Guías Clínicas, se enriquece con esta nueva publicación dedicada a los pacientes afectos de trastornos adictivos, lo que sin duda redundará en una práctica clínica de mejor calidad. Esperamos, por tanto, que esta fórmula de desarrollar niveles de acuerdo entre los profesionales y el estado actual del conocimiento facilite a los clínicos y preventivistas un mejor manejo de los sistemas de información clínica y una buena justifi cación en la toma de decisiones clínicas.
La aparición en los últimos años de innumerables evidencias científicas, diversos instrumentos de detección y diagnóstico y nuevos fármacos y tratamientos psicológicos para el tratamiento de los distintos trastornos adictivos, y especialmente para los trastornos por abuso de sustancias, ha aportado un enorme progreso tanto al conocimiento de este trastorno como a la optimización de los resultados de su tratamiento.
Sin embargo, algunas de dichas innovaciones no han llegado a ser totalmente conocidas por los profesionales y determinadas evidencias científicas, aunque prometedoras, son sólo preliminares, y están pendientes de confirmación por otros estudios futuros.
Por todo ello, se hacía necesario recopilar este conocimiento científico actualizado en una Guía Clínica, que sea de máxima utilidad para los profesionales que trabajan con los problemas relacionados con los trastornos por consumo de sustancias psicoactivas.
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Principios de Tratamientos para La Drogadicción: Una Guía Basada en Investigaciones

Principios de Tratamientos Efectivos
No hay un solo tratamiento que sea apropiado para todas las personas. Es muy importante lograr una combinación adecuada del tipo de ambiente, las intervenciones y los servicios de tratamientos con los problemas y las necesidades particulares de cada individuo, para que dicha persona logre el éxito final regresando a funcionar productivamente en la familia, el trabajo y la sociedad.
El tratamiento debe estar fácilmente disponible en todo momento. Ya que las personas adictas a las drogas pueden tener dudas sobre si comenzar o no un tratamiento, es muy importante aprovechar la oportunidad cuando ellos indiquen que están listos para recibir tratamiento. Se puede perder a potenciales candidatos para tratamiento si estos tratamientos no están disponibles inmediatamente o si no son fácilmente accesibles.
El tratamiento efectivo debe abarcar las múltiples necesidades de la persona, no solamente su uso de drogas. Para ser efectivo, el tratamiento debe dirigirse al uso de drogas de la persona además de cualquier otro problema médico, sicológico, social, vocacional y legal.
El plan de tratamiento del paciente debe ser continuamente evaluado y, de ser el caso, modificado para asegurar que el plan se mantenga a la par con los cambios en las necesidades de la persona. Un paciente puede requerir combinaciones de servicios y componentes de tratamientos que varíen durante el curso de su tratamiento y recuperación. Además del asesoramiento o sicoterapia, el paciente a veces puede necesitar medicamentos, otros servicios médicos, terapia familiar, instrucción para ser mejores padres, rehabilitación vocacional y servicios sociales y legales. Es esencial que la forma de tratamiento sea apropiada para la edad, el sexo, el grupo étnico y la cultura del paciente.
Para que el tratamiento sea efectivo, es esencial que el paciente lo continúe durante un período adecuado de tiempo. La duración apropiada del tratamiento para una persona depende de sus problemas y necesidades (Prólogo). Las investigaciones indican que en la mayoría de los pacientes se comienza a ver una mejoría significativa después de tres meses de tratamiento. Cuando se llega a este punto, los tratamientos adicionales pueden lograr una recuperación acelerada. Ya que muchas personas con frecuencia dejan el tratamiento prematuramente, los programas deben incluir estrategias que comprometan y mantengan a los pacientes bajo tratamiento.
La terapia individual y/o de grupo y otros tipos de terapias de comportamiento constituyen componentes críticos del tratamiento efectivo para la adicción. Durante la terapia, los pacientes tratan sus problemas de motivación, desarrollan habilidades para rechazar el uso de la droga, reemplazan actividades donde se usan las drogas por actividades constructivas y útiles en las que no entra el uso de drogas, y mejoran sus aptitudes para resolver problemas. La terapia de comportamiento también facilita las relaciones interpersonales y mejora la habilidad del individuo para funcionar dentro de la familia y de la comunidad. (Enfoques con Base Científica para los Tratamientos de la Drogadicción)
Para muchos pacientes, los medicamentos forman un elemento importante del tratamiento, especialmente cuando se combinan con los diferentes tipos de terapia. La metadona y el levo-alfa-acetilmetadol (LAAM) son muy efectivos para ayudar a aquellos individuos adictos a la heroína y a otros narcóticos a estabilizar sus vidas y reducir el uso de drogas ilegales. La naltrexona también es un medicamento eficaz para personas adictas al opio y para algunos pacientes que al mismo tiempo sufren de dependencia al alcohol. Para las personas adictas a la nicotina, los productos que reemplazan a la nicotina (como los parches o chicles) o un medicamento oral (como el bupropión) pueden ser componentes efectivos de su tratamiento. Mientras que la combinación de tratamientos y de medicamentos puede ser de suma importancia para pacientes con trastornos mentales.
En el caso de individuos con problemas de adicción o abuso de drogas que al mismo tiempo tienen trastornos mentales, se debe tratar los dos problemas de una manera integrada. Como a menudo se ven trastornos de adicción y trastornos mentales en un mismo individuo, aquellos pacientes que presentan cualquiera de las dos condiciones deben ser evaluados y tratados para la presencia simultánea del otro tipo de trastorno.
La desintoxicación médica es solamente la primera etapa del tratamiento para la adicción y por sí misma hace poco para cambiar el uso de drogas a largo plazo. La desintoxicación médica maneja cuidadosamente los síntomas físicos agudos del síndrome de la abstinencia, que suceden cuando se deja de usar alguna droga. Aunque la desintoxicación por sí misma rara vez es suficiente para ayudar a las personas adictas a lograr abstinencia a largo plazo, para algunos individuos sirve como un precursor fuertemente indicado para el tratamiento efectivo de la drogadicción (Tratamientos de Drogadicción en los Estados Unidos).
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NIDA (National Institute on Drug Abuse)
La atención a la problemática conjunta de drogodependencia y violencia de género en la población de mujeres
Introducción:
En nuestra investigación partimos del afán del conocimiento de una realidad que sigue siendo una incógnita. A través de una labor previa de análisis de fuentes documentales, llegamos a percibir que el porcentaje de mujeres en las que se une la problemática de consumo de drogas y maltrato por sus parejas es elevado. Pero sigue sin conocerse mucho de la incidencia conjunta de esta doble circunstancia en la población femenina, y aunque va investigándose sobre el tema aún existe poca literatura al respecto, sobre todo desde una perspectiva de género, que es la teórica que, creemos, más puede ayudar a conocer
el trasfondo y la problemática que planteamos en este estudio.
No existe -o en nuestro rastreo bibliográfico no hemos encontrado- un dato exacto del número de mujeres que viven ambos problemas simultáneamente; se dan cifras de que existe hasta un 53%2, aunque hemos comprobado que las y los expertos en este tema, las y los investigadores que realizan estudios al respecto, y los equipos profesionales que las atienden tienen la impresión de la existencia de un número elevado de mujeres en esta situación, aunque no acudan a los recursos de atención.
Precisamente por esto mismo puede ser que no se hagan registros de este colectivo tan específico en los recursos.
Según la bibliografía consultada, el perfil3 de esas mujeres se centra en una mujer:
_ Entre los 31 y los 40 años, con una edad media de 36.
_ En el 51% de los casos solteras, pero con un porcentaje importante de mujeres separadas (34,5%), con hijos/as.
_ En el momento de solicitar tratamiento, la mayoría convivía con su familia de origen.
_ Posee un nivel de estudios medio, trabaja como empleada, aunque hay un porcentaje importante que poseen un nivel cultural bajo y no tiene una profesión definida.
_ La demanda de tratamiento suele ser por la adicción al alcohol y/o cocaína, con una adicción de 11 años de evolución.
_Se inició en el consumo a los 19 años con una pareja consumidora.
_Es maltratada por esta pareja desde los 22 años durante un periodo aproximado de 8 años, sin pedir ayuda.
En el caso de mujeres que tienen problemática de consumo de drogas y de maltrato por género, nos damos cuenta de que es complejo indagar qué fenómeno sucede antes, porque además estas mujeres suelen contar con una historia vital, de antecedentes situados en maltratos infantiles, o desestructuración familiar, etc, muy importantes.
En este contexto, el uso indebido de drogas se constituye en ‘ factor desencadenante’ en tanto propicia violencia en el ámbito familiar, o en ‘ efecto’ en tanto las drogas se convierten en un refugio o escape de una persona para sobrellevar situaciones de violencia intrafamiliar
Así, estas dos circunstancias están muy relacionadas, y son los aspectos más visibles y dramáticos de una realidad estructural más profunda, centrada en la desigualdad por género.
Forman parte de las situaciones que puede vivir una mujer o que pueden afectar de mayor manera a una mujer por el hecho de serlo. Por lo tanto, desde nuestra perspectiva, no habría que desligar este perfil de mujeres del conjunto de la población femenina, y se tendría que hablar de problemáticas asociadas al hecho de ser mujer o que afectan de mayor manera a las mujeres, más que establecer diferencias entre las mujeres por estas problemáticas.
Todo este círculo tiene tras de sí una estructura social y cultural profundamente asentada y ampliamente aceptada, muchas veces de manera inconsciente hasta por la propia población femenina. Esa estructura se basa en una cultura androcéntrica en la que sigue existiendo discriminación hacia las mujeres, que genera aspectos excluyentes por formar parte de la población femenina, y que se incrementa aún más por factores que generan exclusión social en la población (drogodependencia, discapacidad, etc). Así, una mujer drogodependiente cuenta con un estigma social muy marcado, mucho mayor que en el
caso de los hombres.
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Atenea Grupo Gid